EmpresasArgentina29 de Enero
Cómo está cambiando el rol del liderazgo en las organizaciones argentinas
Durante años, el liderazgo organizacional estuvo asociado al control, la supervisión y la velocidad de ejecución. Sin embargo, el escenario actual —atravesado por volatilidad macroeconómica, aceleración tecnológica y un marcado desgaste emocional de los equipos— está obligando a revisar profundamente ese modelo. La exigencia ya no es solo hacer más rápido, sino hacer mejor en contextos de mayor complejidad.
Los datos refuerzan esta tendencia. Según Gallup, el 44 % de los trabajadores a nivel global reporta altos niveles de estrés diario, y América Latina se ubica entre las regiones con mayor desgaste emocional. En paralelo, un estudio de McKinsey & Company señala que cerca del 70 % de las transformaciones organizacionales no logra sostenerse en el tiempo, no por falta de estrategia, sino por dificultades vinculadas al liderazgo, la cultura y la ejecución cotidiana del cambio.
Estos datos se reflejan con claridad en el funcionamiento diario de muchas organizaciones. Procesos bien diseñados en el papel fracasan en la práctica cuando no existen condiciones internas para sostenerlos.
En este escenario, comienza a consolidarse un nuevo perfil de liderazgo: el Líder de Transformación Organizacional, una figura que se aleja del liderazgo reactivo y propone una gestión integral, sistémica y orientada a la sostenibilidad del negocio.
Del líder gestor al arquitecto de sistemas
A diferencia del liderazgo tradicional —centrado en resultados inmediatos y control de procesos— este nuevo perfil entiende a la organización como un sistema interconectado, donde cada decisión impacta simultáneamente en personas, vínculos, procesos y resultados.
No se trata solo de “gestionar el cambio”, sino de diseñar las condiciones para que el cambio sea sostenible. En la práctica, este liderazgo se apoya en cuatro capacidades clave: leer el contexto y anticipar escenarios, comprender el estado real de los equipos, integrar cultura, procesos y objetivos, y rediseñar la forma en que se trabaja, se decide y se lidera.
Este enfoque resulta especialmente relevante en organizaciones que atraviesan reorganizaciones, procesos de profesionalización, fusiones o expansión, donde la presión por avanzar rápido suele convivir con sistemas de trabajo saturados.
Transformar culturas, no solo estructuras
Uno de los errores más frecuentes en los procesos de cambio es asumir que transformar una organización implica únicamente redefinir organigramas, procesos o incorporar nuevas tecnologías. La evidencia muestra lo contrario.
Un relevamiento de Deloitte indica que el 80 % de los líderes reconoce que la cultura es un factor crítico para el éxito, pero solo el 12 % considera que su organización está preparada para gestionarla de manera efectiva. Esta brecha explica por qué muchos cambios bien intencionados no logran sostenerse en el tiempo.
El liderazgo de transformación apunta justamente a cerrar esa distancia entre estrategia y práctica. Trabaja sobre la cultura no como un eslogan, sino como una dinámica cotidiana: mejora la calidad de las conversaciones, clarifica compromisos, ordena la toma de decisiones y reduce el desgaste operativo de los equipos.
En este marco, comienzan a ganar espacio enfoques que amplían los modelos ágiles tradicionales, incorporando dimensiones históricamente relegadas de la gestión: la claridad de prioridades, la responsabilidad compartida y el impacto emocional del trabajo.
Uno de estos enfoques es TRAX, una metodología que propone organizar el trabajo en unidades estratégicas de avance, combinando foco, autonomía y alineación organizacional. Más que un sistema de productividad, funciona como una arquitectura de gestión pensada para acompañar este nuevo rol de liderazgo.
Liderar en tiempos de incertidumbre
De cara a 2026, el desafío para las organizaciones argentinas no será solo adaptarse al cambio, sino evolucionar sin fragmentarse. Y eso exige líderes capaces de sostener la complejidad sin trasladar la presión a los equipos.
Este nuevo liderazgo no promete soluciones mágicas ni resultados inmediatos. Propone algo más exigente y, a la vez, más sostenible: construir organizaciones donde las personas puedan rendir sin agotarse, decidir con mayor claridad y comprometerse sin miedo.
Porque en un mundo donde el cambio es constante, la verdadera ventaja competitiva ya no está en la velocidad, sino en la calidad del liderazgo que diseña y sostiene la transformación.
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