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Por Matías FratiArgentina15 de Marzo

El estrés de la inflación y las consecuencias en la gente

Todos los días los precios cambian. Para el asalariado es difícil de llevar. Para el cuentapropista, sobrevivir reviste una misión casi imposible de lograr.

 

Mientras los números son números las cosas parecen estar ahí, a la vista pero casi inofensivas. Cuando los números se traducen a personas todo cambia.

El 102,5% de la inflación de los últimos meses en la Argentina es uno de esos números. Pero los 21 millones de pobres que deja el saldo de inflacionario es mucho más que un dato.

A diario las cosas suben. Incluso los productos alimenticios que no debieran subir parece que no respetan los acuerdos fijados. ¿Por qué? Porque en un universo donde la mayoría de las cosas se incrementan en su precio, hasta lo que no sube se vuelve difícil de comprar.

El salario, la única razón que tiene el trabajador para hacer frente a la inflación, se va debilitando mes a mes. Y para los que son cuentapropistas, profesionales o simplemente tienen que ponerle ellos mismos el valor y precio a su trabajo, la cosa es más difícil todavía: al no haber una paritaria que los contenga todo aumento es una pelea cuerpo a cuerpo con quien debe pagarlo. Insalubre.

Tal como están dadas las cosas la situación no se sostiene más. La gente está desbordada en lo psíquico. Y aunque muchos le indilgan al Covid-19 esta cuestión, no debe dejarse pasar que no llegar a fin de mes, como constante, es un quebradero de cabeza.

El país está mal. La economía peor. Las personas sufren eso y lo exteriorizan. Por eso, cuando algunos dicen "el país es hermoso, lástima la gente", se esconden detrás de la frase muchos sentimientos: añoranza, nostalgia, amor, pertenencia. Sin embargo, pretender disociar en "el país" a los paisajes de las personas es un error. Porque el país es un todo, con lo bueno y lo malo. Si el país es hermoso la gente lo es. Si el país es feo la gente lo es.

La Argentina dejó de ser hermosa para muchos. Ha perdido el encanto, porque tiene la mitad de su gente en la pobreza, dos de cada tres chicos con dificultades alimentarias, una inflación galopante arriba del ciento por ciento, en algunas áreas es más probable ser asaltado por un delincuente a que te acribille un soldado ruso en guerra. Y encima cuando un ciudadano se atrasa en alguna de sus obligaciones, pago de impuestos o servicios, le cae el peso del Estado o le cortan la luz o el gas.

Estrés podría ser una palabra exagerada. Tal vez debiera empezar a analizar qué le causa desapego, desencanto y desamor a los argentinos de hoy para con lo que alguna vez fue aquella "hermosa Argentina".

 

Matías Frati – Director
ADNempresario

 

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