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Por Carlos Lavigne Argentina20 de Noviembre

Economía del conocimiento: de dónde venimos, hacia dónde vamos y hacia dónde deberíamos ir

Hay un sector en la economía argentina en el cual se puede construir a largo plazo, una especie de otra “vaca muerta” que requiere un marco de previsibilidad para que se generen muchos beneficios para el país de cara al futuro…. se trata de las TICs “tecnologías de la información y comunicación”; sector que ha crecido muchísimo en nuestro país en los últimos años.

Repasemos que está pasando hoy. El sector TIC hizo que todo cambie en estos últimos 15/20 años y con más razón con motivo de las necesidades ocasionadas por esta pandemia que nuestro día a día todo cambió! Algunos ejemplos al respecto: 60% más de uso de internet en lo que va del 2020 ha generado entre muchas cosas que aumenten las videoconferencias, el uso de homebanking y los sistemas virtuales de pagos, el teletrabajo, la irrupción de todo tipo de proyectos o métodos de enseñanza a través de nuevas “escuelas digitales” cada vez más dependientes de la tecnología en sus planes de aprendizaje multimediales, la telemedicina y hasta los zoomcumples. La pandemia aceleró los procesos y la transformación digital en los negocios y en la vida diaria ya que desde su comienzo -en marzo- todos nos hemos mudado a lo digital más que en los últimos años, por ende el ecosistema digital es el nuevo integrante de nuestras vidas y de la “nueva realidad” y el protagonista principal de la gran promesa de desarrollo para nuestro país.

Actualmente según datos de cámaras referentes del sector TIC; éste representa el 16% del PBI argentino por lo cual las inversiones en infraestructura digital son claves para afianzar y hacer crecer estos valores y seguir siendo líderes en materia tecnológica en un mundo que exige innovación permanente. Por eso es vital entender realmente cuáles son los desafíos a afrontar para seguir desarrollando al país como líder en el ecosistema digital mundial, para ir en búsqueda de nuevas oportunidades, desafíos y negocios, para que la tecnología siga siendo esencial en nuestro confort diario y principalmente para que prosperen nuevos proyectos emprendedores en nuestro país. Para todo esto el desarrollo digital a largo plazo es fundamental, y la inversión en tecnología su ingrediente central para seguir fomentando la innovación continua y mantener el liderazgo de nuestro país en el desarrollo de nuevas tecnologías emergentes.

                                                                                                                  

El sector TIC; éste representa el 16% del PBI argentino

 

He tenido la posibilidad de recorrer el país gracias a mi profesión conociendo emprendedores del NOA (Tucumán), del NEA (Chaco, Misiones, Corrientes), de Cuyo (San Rafael, Mendoza, San Juan), del Centro (Córdoba) y del Centro-Este de la Provincia de Buenos Aires (Tandil) y en todos estos lugares proliferan la creatividad y las ganas de hacer, la asociatividad con la creación de Polos tecnológicos compuestos por microempresas, pequeñas y medianas y principalmente emprendedores deseosos de lanzarse al país y al mundo. Todos ellos necesitan saber hacia dónde vamos.

Frente a todo este capital emprendedor; el objetivo del Estado debe ser claro y contundente a fin de generar condiciones para incentivar a todo el sector privado -del tamaño que sea- a realizar las inversiones necesarias y a tomar decisiones que aporten un mayor desarrollo digital; porque en la Argentina está todo para hacerse, hay oportunidades para las TICs en todos los sectores productivos debido al cambio tecnológico, ya que se han convertido en mucho más que prestadoras de información y comunicación, pues soportan a casi todo el resto de las actividades existentes, a las industrias 4.0 y a las nuevas como las ciudades inteligentes, la telemedicina, todas implementadas a partir del soporte de las TICs.

Todo esto requiere mucho más que voluntarismo político del gobierno de turno, y más allá de cualquier ideología, hace falta alcanzar una continuidad de políticas públicas a modo de plan estratégico de corto, mediano y largo plazo; que vale reconocer se inició con las leyes 25856 de reconocimiento de la actividad de producción de software como una actividad productiva industrial a los efectos de la percepción de beneficios impositivos, crediticios y de cualquier otro tipo (año 2003), y 25922 de Promoción de la industria del Software allá por el año 2004 (Modificada en 2011 por la ley 26.692), pero que debería continuarse en este mismo sentido para los próximos 20/30 años pensando en una economía cada vez más demandante de todo lo digital y tecnológico.

Estas políticas contundentes hacia la industria del software significaron un antes y un después para las TICs, produciendo una verdadera revolución industrial. Los datos anteriores y posteriores al Régimen de Promoción de la Industria del Software así lo reflejan:

Situación de la industria del Software en el año 2004

  • Informalidad impositiva y laboral
  • Sobre oferta de Profesionales –  apenas 20.000 empleos
  • Bajo Nivel de Exportaciones apenas U$D 100 M
  • Escasa adopción de normas de calidad
  • Pocas empresas de +50 empleados

Situación de la industria del Software 2019

  • Total Formalidad Impositiva, Previsional y Laboral
  • Sobre demanda de Profesionales - 120.000 empleos
  • Salarios por encima del promedio registrado en Anses
  • Exportaciones por U$D 1800 M
  • Pymes/Empresas con Certificación de Calidad
  • Consolidación de Inversión en I+D
  • Aumento de nómina de empleados en empresas
  • Empresas regionalizadas + 500 Beneficiarios de la Ley de Software (Desarrollo de Clusters y Polos TIC en todo el país)
  • 5 Unicornios: Globant, MercadoLibre, Despegar, OLX y Auth0 (son empresas emergentes, de base tecnológica, que en muy poco tiempo llegan a tener una cotización mayor a los mil millones de dólares)

 

Ahora bien, el desarrollo tecnológico y las TICs no viven en su propia burbuja, sino que conviven con la realidad actual, la situación macroeconómica del país (dólar-brecha cambiaria, inflación, presión tributaria récord y creación de nuevos impuestos, nuevas regulaciones ineficientes- como el DNU sobre Telecomunicaciones, la nueva ley de Teletrabajo y la excesiva regulación para las SAS en CABA-, alta desocupación, etc.), entonces con más razón se necesita que el escenario futuro sea más estable para todos.

Entrando específicamente a analizar esta nueva ley n° 27.570, para quienes estamos desde el primer momento asesorando a TICs y tenemos la experiencia de 15 años de ley de software –antecesora de este nuevo régimen de promoción- más allá que es positivo haber salido del limbo de casi 11 meses sin una ley y por fin ahora contar con un marco normativo y que a partir de esto "es mejor tener algunos beneficios que ninguno", todo el sector coincide en que el resultado de tanta espera no ha sido el mejor ya que lo que establece esta nueva ley no se traduce en tantos incentivos como se cree y personalmente considero que esta ley no atiende los verdaderos obstáculos que todo emprendedor tiene cuando transita su emprendimiento, o con todo lo que una pyme debe lidiar en el día a día o lo que una empresa tiene que resolver para poder seguir adelante con sus negocios de manera rentable.

Los puntos relevantes de la nueva ley de #economíadelconocimiento son:

Se crea el “Régimen de Promoción de la Economía del Conocimiento” con el objetivo de promocionar actividades económicas que apliquen el uso del conocimiento y la digitalización de la información apoyado en los avances de la ciencia y de las tecnologías, a la obtención de bienes, prestación de servicios y/o mejoras de procesos, dicho régimen tendrá vigencia desde el 1° de enero de 2020 y hasta el día 31 de diciembre de 2029, y otorgará incentivos fiscales mediante beneficios impositivos para personas jurídicas-empresas que se desempeñan en actividades como Software, Servicios Profesionales únicamente cuando sean de exportación (Servicios jurídicos; de contabilidad general; Consultorías; Traducción e interpretación; gestión de recursos humanos; Servicios de publicidad; distintos tipos de Diseños; Servicios arquitectónicos y de ingeniería), Biotecnología, Producciones Audiovisuales Digitales, Fabricación; puesta a punto; mantenimiento e introducción de bienes y servicios orientados a soluciones de automatización en la producción caracterizados por el uso de tecnologías de la industria 4.0, Inteligencia Artificial, Robótica, Internet de las Cosas, Sensores, Realidad Aumentada, Nanotecnología y Nanociencia, Tareas de Investigación y Desarrollo experimental en Actividades de ingeniería, ciencias exactas y naturales, ciencias agropecuarias y ciencias médicas, entre otras.

Cumpliendo los requisitos establecidos, las empresas recibirán como primer beneficio un bono de crédito fiscal del 70% de las contribuciones patronales efectivamente pagadas por el personal afectado a las actividades promovidas. Dicho bono será intransferible, servirá para cancelar sólo IVA (excluye al Impuesto a las Ganancias salvo para el caso de los exportadores que podrán cancelar este impuesto en un % no mayor a las exportaciones declaradas), podrá ser utilizado por 24 meses, quedando sujeto a un cupo fiscal (el cual se contrapone con la estabilidad de beneficios declarada) y se establecerá un tope de 7 veces la cantidad de empleados de empresas medianas Tramo II (igual a 3745 empleados) excepto para nuevos empleados que se tomen para incrementar la nómina. Habrá un beneficio adicional incrementando este bono un 10% más, para nuevas contrataciones de personal: mujeres, trans, discapacitados, profesionales con estudios postgrados en Ingeniería y Ciencias Exactas y naturales, residentes en zonas desfavorables, beneficiarios de planes sociales.

El segundo beneficio consistirá en una reducción de la alícuota en el Impuesto a las ganancias sólo aplicable a la actividad promovida declarada, según el siguiente esquema: para micros y pequeñas empresas una reducción del 60%, para medianas empresas una reducción del 40% y para las grandes empresas una reducción del 20%.- Aplica impuesto a los dividendos, este beneficio se percibirá en el 1er ejercicio fiscal que se inicie con posterioridad a la fecha de inscripción de la empresa en este régimen.

Ahora bien, el primer cuestionamiento pasa por haber cambiado la estabilidad fiscal establecida anteriormente –desde el año 0 de la anterior ley de software- por una estabilidad de beneficios; la cual no significa lo mismo y resulta fundamental aclararlo.

Para entenderlo mejor, comienzo por explicar ¿QUÉ ES LA ESTABILIDAD FISCAL y POR QUÉ SE RECURRE A ELLA?

Un atributo de cualquier marco legal tributario imperante en cualquier país, y que es apreciado por todo inversor, es el de su estabilidad. De esta manera puede preverse con mayor certeza el comportamiento de las variables ajenas al negocio concreto que todo inversor tiene en miras, reduciendo así el riesgo total del proyecto en cuestión. Dado el importante impacto que usualmente tiene la carga impositiva en cualquier proyecto de inversión, las empresas seguramente verán con buenos ojos la existencia de normas que de alguna manera garanticen que las reglas de juego existentes a la hora de tomar la decisión de inversión; serán respetadas y no podrían cambiarse de manera desfavorable para éstas, especialmente en países como Argentina que no han mantenido una conducta de apego manifiesto a la invariabilidad de su sistema tributario.

El mero hecho de que existan “regímenes de promoción de estabilidad fiscal” implica que las empresas se mueven en una economía donde la tendencia es a que la presión tributaria se incremente. Entonces desde el Estado se apela a garantizar a posibles inversores por un período más o menos amplio que van a quedar al margen de la tendencia. Tal ha sido el caso de la ley 25922 de promoción de software y por ende como continuidad de ésta; el del reciente proyecto de ley de promoción de la Economía del Conocimiento. Varios lectores coincidirán conmigo en que el mejor camino siempre sería que se piense en bajar los impuestos en vez de crear regímenes especiales de promoción.

Se considera que las empresas que queden bajo el paraguas de una estabilidad fiscal no pueden ser alcanzadas por la creación de nuevos tributos, por el aumento en las alícuotas y por cambios en los mecanismos para la determinación de la base imponible. A esto apuntaba el art 7 de la ley 25922 cuando estableció que los beneficiarios de ese régimen gozarían de estabilidad fiscal por 10 años primero, y 5 años más después hasta diciembre de 2019. La estabilidad fiscal alcanza a todos los tributos nacionales y significa que los beneficiarios no podrán ver incrementada su carga tributaria total nacional a partir de su inscripción en el registro de beneficiarios del Régimen de Promoción establecido.

Así y todo, en la Argentina es difícil pensar en estabilidad fiscal. El tema es que sin reglas de juego claras resulta difícil que se realicen inversiones y que se desarrollen las actividades. La inestabilidad fiscal en el país es historia permanente. La ley de economía del conocimiento no debería existir si tuviéramos una estructura impositiva que aliente el trabajo y la inversión. Pero lamentablemente se necesita recurrir a un “parche” como éste.

Pero si el remedio propuesto por esta ley es el de simplemente otorgar una supuesta “estabilidad de beneficios”, claramente esto no es equivalente a lo que se necesita para suplir las falencias descriptas. No alcanza con que una ley exprese que garantiza que las empresas podrán gozar de los beneficios que ésta otorga. Algo así como refrendar que lo tuyo es tuyo….suena raro y hasta genera desconfianza por la discrecionalidad manifiesta en esta ley.

La segunda cuestión criticada de esta ley, es que si realmente la Argentina está en un momento trascendental, su macroeconomía cruje por todos lados debido a su viejo y legendario déficit fiscal público; el cual es insostenible e infinanciable provocando múltiples problemas, y que si la solución pasa por generar divisas para el país, lo que esta ley ofrece como incentivos para la exportación de servicios basados en el conocimiento no alcanza en absoluto, pues el diseño de beneficios establecido hace que a mayor exportación menor sea el estímulo, pues no es una ley que en sí misma favorezca la exportación, sino que su enfoque es más hacia el mercado local. Esto marca que no se ha comprendido de qué se trata la industria ligada a la Economía del Conocimiento; la cual trasciende la frontera local generando divisas y trabajo formal calificado.

La Ley desconoce además la verdadera realidad de los emprendimientos de tecnología y por todo lo que tienen que pasar una pyme en su día a día o un emprendedor para iniciar una microempresa de tecnología. El texto aprobado en Senadores relata situaciones que dan por superado que las micropymes, detrás de las cuales hay miles de emprendedores, tienen empleados en relación de dependencia. Se desconoce entonces que por el tipo de trabajo que se realiza, la modalidad más apropiada y que “cierra más o menos los números” es la contratación freelance, la formalidad legal cuando se comienza es el monotributo, y que en los primeros tiempos de todo emprendimiento todo pasa por sostenerlo o bancarlo del propio bolsillo, por lo que la facturación será pequeña y de poco volumen. Por lo tanto se desconoce que para estos emprendedores y sus micropymes en los primeros años no habrá dividendos a repartir ni empleados en relación de dependencia, así que legislarles sobre Ganancias y contribuciones patronales no será un incentivo real para sus bolsillos. Además por su clara vulnerabilidad, dependen absolutamente de su relación con los demás integrantes de su ecosistema, de ahí que en la conformación de los Polos TIC del interior del país mayoritariamente estén integrados por este perfil de emprendimientos, por cierto muy creativos todos.

Estas falencias que señalo son consecuencia además de concebir erróneamente que este tipo de regímenes de promoción sólo son bien aprovechados por las empresas grandes, pero no llegan a las pymes. Esto es falso y trae aparejado tener una ley que sabe a poco para todo el sector en su conjunto, que es como se debió legislar. Digo esto porque tener la idea de sacarle a los “MercadoLibre” para darle a las micropymes por considerar que el Estado no puede ser socio bobo de aquellos que ya no lo necesitan y pueden caminar solos; es por demás ERRÓNEO y muestra no entender nada sobre cómo funciona el Sector TIC en nuestro país. Lo que en realidad sucede es que las Pymes usan y necesitan que las grandes empresas, con mayor capacidad de inversión, tomen la delantera a la hora de desarrollar nuevas tecnologías y negocios. Las chicas necesitan de las grandes pues alrededor de cada empresa tecnológica grande hay un enorme ecosistema de partners, proveedores pequeños y medianos, que dan empleo, todos ellos emprendedores.

En consecuencia, esta concepción equivocada los ha hecho legislar perdiendo el foco en todo el ecosistema en su conjunto, así que al haberle bajado los beneficios a las empresas grandes, indirecta o directamente están también bajándoselos a los pequeños, y en definitiva están desincentivando a todo el sector y entregando señales que desalientan a todos.

Los emprendedores con sus startups y micropymes necesitan que las empresas grandes se queden en el país, y se sigan desarrollando, creciendo y creando nuevos unicornios gracias a los beneficios que les otorgue el Estado a todos por igual, para que a su vez se sigan desarrollando y creando nuevos emprendimientos, por esto es importante que las empresas grandes también tengan los mismos beneficios y se destierren los erróneos conceptos producto del desconocimiento.

Para concluir, el balance de los cambios introducidos en la reforma comparados a la ley original es en general desalentador para todo el Sector TIC, hay muchos puntos importantes que deberán ser tenidos en cuenta a la hora de la reglamentación como en la resolución específica que dictamine la autoridad de aplicación, en pos a intentar reconstituir incentivos dentro de las posibilidades legales, para todos por igual.

Que por favor dichas autoridades no pierdan verdaderamente de vista y sin ideologías mediante, que el punto más crítico de la economía del conocimiento radica en la real capacidad competitiva del país de cara a un mercado global que a pesar de estar lleno de oportunidades; no espera.

Un verdadero clima propicio para los negocios, tanto para emprendedores; micropymes como para empresas mediantes o grandes, se genera otorgando estímulos para todos por igual, interviniendo con regulaciones en una medida justa y necesaria, para dar señales precisas hacia dónde se quiere ir y qué se quiere lograr y provocar en todos los sectores económicos participantes.  

Soy optimista en cuanto a que los próximos años van a ser por demás importantes para nuestro país en materia tecnológica y digital. Creatividad sobra, inquietud y pasión por lo que se hace también! Generemos entonces verdaderas mejoras continuas a través de reglas de juego claras y previsibles para que todas las empresas beneficiarias apuesten ir por más, inviertan más para mejorar sus servicios, capacitar a sus empleados, tomen nuevos, de la mano de un crecimiento sostenido en sus negocios y rentabilidad. Así se propiciará un régimen que se retroalimente y todos ganaremos: estado, empresas, trabajadores, clientes, emprendedores.

Sin dudas, estamos ante la oportunidad de ser competitivos a nivel global, no lo desaprovechemos más.

 

Columnista Invitado - Carlos Lavigne

Abogado graduado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, Magister LLM con orientación en Finanzas y Mercado de Capitales en la Universidad Torcuato Di Tella, y Postgrado Internacional sobre el Mercado de las Telecomunicaciones; Facultad de Derecho de la Universidad Austral.

El Dr. Lavigne es especialista en el Sector TIC en temas como Propiedad Intelectual, Marcas, Patentes, Valoración de Activos Intangibles, y cuenta con una vasta experiencia en materia de presentaciones ante el Estado por diferentes programas de subsisdios y ANRs, destacándose especialmente por haber logrado la inscripción de un centenar de empresas durante los 15 años de la ley de software.

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