En algunos casos, los precios se duplicaron. En otros, eliminaron promociones. Por una u otra razón, la gente dejó de comprar. Los empresarios le cargan las culpas a la macroeconomía y el dólar. ¿Y cuando ganaban por encima de la media, era gracias a su capacidad? 

 

Son heladerías artesanales, en su gran mayoría, las que ponen el grito en el cielo ahora que las ventas cayeron en el sector, como en gran parte de los rubros del consumo interno.
Hasta hace unos meses, un kilo de helado en Mar del Plata, en una heladería tradicional, costaba $ 280. Ahora, ese mismo kilo de helado se fue a $ 480. En otra heladería, un poco más industrializada, existía una promoción de "2 kilos por $ 280". Ahora, la misma promo se mantiene pero por $ 500.
En casi todos los casos la calidad bajó. Y eso también es un aumento -encubierto, en este caso- sobre el producto. Entonces, si se sacaran números reales, con todos los datos sobre la mesa, nos sorprenderíamos al ver que en poco más de cuatro meses el precio aumentó por encima del 100%.

Empresarios dicen estar un "4% debajo de la rentabilidad" y aducen que "sus ventas cayeron un 10% respecto al año pasado".

Y la demanda respondió en consecuencia: la gente compra menos helado porque, en realidad, compra menos de otros productos y servicios también. Y el helado no es la excepción, ya que entre comprar alimentos básicos y postres, el común de la gente opta por la primera opción antes que la segunda. Y si tiene que resignar una de las dos, adivinen ¿quién pierde?. Sí, el helado.
Frente a esta coyuntura, las heladerías gritan a quien los quiera escuchar que "atraviesan un momento difícil". Es que dicen estar un "4% debajo de la rentabilidad" y aducen que "sus ventas cayeron un 10% respecto al año pasado".
La Asociación Fabricantes Artesanales de Helados y Afines (AFADHYA), entidad que los agrupa, sostiene esos datos y responsabiliza a la macroeconomía y al Gobierno de todos los males del presente: "la inflación, los fuertes incrementos en las tarifas y la suba de precios en insumos (sobre todo en lácteos)" son responsables de la debacle actual.
Sin embargo, nada cuenta de los buenos momentos en los que la rentabilidad estaba por encima de la media de cualquier negocio o sector pyme productivo nacional. Es como si los males fueran culpa del contexto externo y las buenas cosas que les pasan fuera gracias a su gran capacidad de gestión.
Los servicios públicos aumentaron para todos. Incluso para los ciudadanos de a pie -muchos de ellos consumidores de su producto- y es por eso, entre otras cosas, que el impacto se siente en el sector como en otros.
Sin embargo, lo que el sector debiera pensar con seriedad es "si los precios están fuera de las posibilidades del mercado, mejorar esos precios para que el mercado pueda sostener la demanda o agudizar la capacidad de gestión para optimizar en aquellas áreas del negocio donde -seguramente- se están perdiendo parte de la rentabilidad que antes tenían.

El kilo de helado en Mar del Plata, en una heladería tradicional, costaba $ 280. Ahora, ese mismo kilo de helado se fue a $ 480. 

Un ejemplo claro es cuanto quiere un empresario ganar de su negocio o empresa. ¿El 10% anual? ¿El 50% anual? ¿El 100% anual? En la Argentina la mayoría de los empresarios aspiran a ganar por encima del 50% anual cuando en el mundo una buena rentabilidad oscila entre el 8% y el 20% anual.
A pesar de todo esto, el empresario nacional muchas veces termina poniendo la carga de la responsabilidad en el otro y no en sí mismo. En en Estado y no en la falta de eficiencia de la empresa. En el cliente y no en el producto.
Qué bueno sería, algún día, mirar un poco más para adentro antes de salir a bramar para afuera que todos los otros son los culpables de nuestras propias impericias.