Con esas circunstancias sobre la mesa se pone a rodar una idea que, parece, está muerta antes de nacer. Habría que encontrar un punto de equivalencia entre el Real y el Peso para definir donde convergería una moneda única entre la Argentina y Brasil.

Hace casi treinta años, la precuela de una moneda unificada en la región a través del Mercosur se trabajó entre los países miembros del bloque. Al estilo del Euro para la zona común europea. Pero aquí no prosperó. Por entonces, las mismas asimetrías de hoy eran menos visibles. La Argentina tenía el peso atado al dólar por medio de la convertibilidad, y Brasil estaba en un esquema parecido, con una brecha mucho menor entre su moneda y la nuestra, debido a la paridad cambiaria que teníamos los argentinos con la divisa norteamericana. Es más, valía más nuestro peso porque valía como el dólar.

Hoy, entre el Real y el Peso hay 11 unidades de cambio nominales en desventaja para la Argentina. Es decir, once pesos separan el valor de uno con otro. Nuestra moneda tiene una incidencia del 9% dentro de la moneda de Brasil. ¿Puede ser exitosa una experiencia de tamaña diferencia antes de la equiparación?

El 13 de abril pasado, los ministros del área económica de ambos países, Nicolás Dujovne y Paulo Guedes, de Argentina y Brasil respectivamente, se reunieron en Washington. Si bien el encuentro, en el marco de la reunión de primavera boreal del FMI y el Banco Mundial fue estrictamente protocolar, no se descarta que allí haya iniciado la conversación entre ambos referentes económicos. Los presidentes Mauricio Macri y Jair Bolsonaro habrían dado el visto bueno a la iniciativa. Algo así como en el fútbol cuando los árbitros dicen “siga, siga”.

El camino de unificación monetaria en la región también involucraría a Paraguay, Uruguay, y hasta Venezuela, una vez restablecida la democracia. Aunque no es un proceso inmediato, de un día para el otro, lleva años.

Pero, sobre todo, lleva muy intenso trabajo el tratar de equiparar las economías y limar las asimetrías que puedan tenerse desde el vamos. Por ejemplo, ¿qué pasaría en términos de deuda? ¿Cómo afectarían los indicadores globales la calificación de los bonos de los países, a quienes considerarían si hoy el riesgo país de la Argentina es cuatro veces mayor al de Brasil? ¿Y la inflación, que es un flagelo de este país resuelto ya por el resto de la región? ¿Impactaría mejorando los desequilibrios de la economía argentina o incidiría desequilibrando las economías estables del resto de los países de la zona?

Muchos interrogantes para una iniciativa que, en el contexto actual, no genera demasiadas expectativas ni chances de prosperar, al menos, en el corto plazo.