Porque, en definitiva, esta es una señal de que las predicciones realizadas anteriormente sobre el curso de las cosas estaban en línea con lo que se planteaba desde el púlpito, ahora también empezando a impactar en los termómetros de la estadística.
¿Qué significa esta reducción en la inflación de abril al 3,4%? Todavía no demasiado, porque para que empiece a dar mejores noticias deberían confirmarse algunos meses más de tendencia a la baja en los precios, pero es una señal hacia los operadores económicos de que el sacrificio realizado no cayó en saco roto.
Pese a todo, la gente sigue con la idea o sensación de que los precios suben. Y los precios suben en los supermercados, fundamentalmente, pero no de la forma en que lo hicieran allá por marzo, cuando un rebote inflacionario parecía que se llevaba puesta toda barrera de contención sobre las variables diseñadas en el Ministerio de Economía.
La mala noticia es que a pesar de esta reducción de abril, el anualizado llegó al 56 por ciento. Y lo que ese número está diciendo es que meses contra meses, los más recientes son más “calientes” que los de hace un año atrás. Y para “enfriarlos” es sumamente necesario seguir con el sacrificio, que implica, entre otras cosas, tomar la decisión de que haya menos disponibilidad de pesos en manos del público.
Habrá que ver que ocurre con el devenir de mayo, junio y julio. Aquí se juega una batalla importante para las aspiraciones electorales de Cambiemos de cara a los próximos años. Cada vez que la inflación bajó la imagen del Presidente mejoró. Y a la inversa cuando la inflación creció.
Por eso, lo que viene es determinante y fundamental.