"Donde hay una necesidad, hay un derecho" dijo alguna vez Eva Perón. Vaya frase para los tiempos que corren.
Luego del fin de doce años de kirchnerismo, con una desocupación del 8% anual, en promedio, hay más de un millón de argentinos que tienen una necesidad. Tal vez varias. Sin embargo, no se les da legitimidad a su derecho: el trabajo.
El mundo viene evolucionando a pasos agigantados en materia de nuevas modalidades de trabajo. Se va hacia un sistema one on one, donde el dador de trabajo y el trabajador pactan de manera directa. Sin intermediarios. A lo sumo, se contactan previamente por una plataforma informática, ya sea para la búsqueda del trabajo como para la contratación de un servicio (generalmente aplicaciones móviles).

Los trabajos se modernizaron, las convocatorias también, y ya las publicaciones en las secciones de clasificados de los diarios dejan de tener relevancia.

Argentina empieza a despertar al nuevo paradigma del trabajo/servicio directo. Después de doce años de kirchnerismo donde las necesidades de la gente y sus derechos eran tergiversados, mezclados en una coctelera de la cual el resultado, muchas veces, era el asistencialismo, hoy empezamos a mirar hacia otro lado, con una visión más amplia.
Una parte importante de la sociedad ve, afortunadamente, que hay otra manera de vivir dignamente sin el asistencialismo. Y es buscar empleo o trabajo mediante nuevos esquemas de búsqueda y contratación. Los trabajos se modernizaron, las convocatorias también, y ya las publicaciones en las secciones de clasificados de los diarios dejan de tener relevancia. Son reemplazadas por plataformas como CompuTrabajo.com o Trabajos.com mientras Freelancer.com y JobisJobs.com son los motores de búsqueda más consultados en el planeta.

Uber y Glovo

De la misma manera, aparecen nuevos servicios que generan miles de fuentes de trabajo en el exterior pero que en nuestro país son resistidos por imposición de los aparatos sindicales y las corporaciones que pretenden mantener su quinta cercada y prolijamente inmaculada de toda nueva ola de empleabilidad.
Uber, la famosa aplicación de servicios de contratación de transporte, se convirtió en una fuente de trabajo para muchos particulares con necesidad de "dignificarse" en el sano oficio de laburar. En Buenos Aires, una persona con un vehículo Uber puede recaudar unos $1.500 libres al día. Nada mal para trabajar de lunes a sábado y llevarse un sueldo de $37.500 al mes. Y el valor del viaje suele ser de la mitad de lo que cuesta un taxi.
Pero la corporación de los taxistas y sindicalistas de los taxis y los remises no quieren que este sistema se afiance. Saben que se corta la caja de las burocracias sindicales y patronales, que viven a costilla de los usuarios que necesitan del servicio. Se termina el negocio de las licencias y las agencias, con todo lo que ello implica.
Con Uber, un prestador de servicios y un pasajero realizan una transacción libre de cargas extras. Asi de simple y bueno. Aunque no para ellos que quieren seguir abusando del pobre y desposeído.
Algo parecido va a pasar con Glovo cuando empiece a proliferar. En Mar del Plata ya está funcionando. Se trata de un sistema de delivery directo, que usan las empresas, para enviar sus pedidos. El servicio se puede prestar caminando, en colectivo, en bicicleta, moto o monopatín. No importa cómo, lo que importa es que llegue en las condiciones pactadas entre el cliente y la empresa.
Pibes prolijamente vestidos, presentables y educados, en su mayoría estudiantes que cursan estudios universitarios, son el perfil de Glovo en Europa. En España, donde ya está instalado desde hace bastante, cobran hasta 10 euros por envío, dependiendo de la entrega.

Glovo ya está en Mar del Plata. Se trata de un sistema de delivery directo, que usan las empresas, para enviar sus pedidos. 

Está claro que ambas metodologías no encajan en las pretensiones obsoletas, con visión sectaria y clasista, de un espacio político y sindical recargado de complejos de inferioridad, pero repleto de gente que dice defender a los pobres mientras se enriquece exponencialmente a costa del Estado y genera presión sobre los contribuyentes, asfixiados de pagar impuestos para mantener gastos que podrían resolverse con más educación y capacitación de quien busca un empleo.
Sin embargo -y por suerte-, el tiempo de los Uber, los Glovo, y tantos otros servicios de modalidades nuevas de trabajo también llegará a la Argentina, como lo hicieron las marketplace y tantas otras modalidades de la nueva era.