Es tiempo de poner al todo por encima de las partes

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Por Matías F. Frati - Periodista Especializado en Empresas y Economía

El Senado de la Nación votó y convirtió en ley una iniciativa para retrotraer el precio de las tarifas públicas. El Presidente de la Nación vetó de inmediato la norma. Una pulseada política de riesgo para el oficialismo, la oposición y la salud del sistema republicano de gobierno. 

 

Hay un antecedente inmediato de un veto a una ley con amplio consenso en el Parlamento: fue la entonces presidenta Cristina Fernández quien rechazó la ley que otorgaba el famoso 82% movil a los jubilados y pensionados. 

Ocurría en octubre de 2010. Un año después de la derrota sufrida en las urnas en 2009 y tras la dura disputa con el campo por la resolución 125. Un año antes de vencer en las urnas y renovar su presidencia por cuatro años más con el 54% de los votos. 

El costo político de hoy puede que nada signifique dentro de un año. Pero el trajinar de la ley en las dos cámaras del Congreso expone las diferencias políticas profundas entre oficialismo y oposición. Muestra rasgos de intolerancia de una oposición que no asume que fue vencida en las urnas en 2015 y en 2017. Exhibe un oficialismo que aparece golpeado en la opinión pública y al que se le animan diputados y senadores como si fuera un boxeador que busca el sonido de la campana para retomar fuerzas de cara a lo que viene. 

El costo de una medida como la sancionada por el congreso hubiera sido imposible de soportar por el Estado Nacional: 110 mil millones de pesos que no estaban en el presupuesto de este año. Hubiera obligado al Ejecutivo a un recorte de otras partidas para dar cumplimiento a esta ley. 

Detrás de la ley impulsada por la oposición se esconden intereses mezquinos. Buscaban debilitar al Gobierno por la caja o por el veto. Y lo han logrado. Pero en el germen de esta destrucción que impulsa la oposición va el sistema republicano de gobierno. Van la gobernabilidad y la democracia. 

El país. Los ciudadanos. Las personas que se levantan temprano por la mañana para ir a trabajar solo buscan pequeñas cosas: previsibilidad y reglas de juego claras. Para invertir. Para soñar. Para apostar al futuro. Los políticos -los que no velan por el interés general- deberían reflexionar y poner al todo por encima de las partes. 

 

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